Tiempo de renovar la fe, la esperanza y la caridad

Por: Psic. Elda Leyva Novelo.

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas es la caridad. (1 Cor. 13:13)

En fechas recientes se publicó el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2021, en él nos invita renovar nuestra fe, esperanza y caridad, tres virtudes que son necesario trabajar si queremos desarrollar nuestra inteligencia espiritual.

FE

En la carta a los Hebreos encontramos que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”; si bien la fe es aquello en lo que creemos va más allá de las palabras, de decir “Yo creo…”, la fe se cree, pero también se siente y se vive.

Decir creo en Dios que es amor y que me ama, es permitirme abandonarme en Él con la plena seguridad de saber que no permitirá, que ni siquiera un cabello caiga de mi cabeza sin que Él así lo permita, y que todo lo que sucede, absolutamente todo, hasta lo más contrario a mi modo de pensar y sentir, sucede por mi bien.

Creer implica confiar y cuando la fe es verdadera, nuestra confianza es absoluta. Por eso el Papá Francisco nos invita esta Cuaresma a creer, a decir “Señor yo creo, pero aumenta mí fe”.

Y si quieres aumentar tu fe la mejor herramienta es el ayuno, porque con el ayuno es un acto de fe y voluntad, es apartar un tiempo para buscar a Dios, es abstenerte de tus apegos, de todo aquello en lo que encuentras placer.

El ayuno es poner a Dios primero, decirle no quiero nada más que a ti, para esto pregúntate: ¿Qué me separa o aleja de Dios? ¿Qué me estorba en mi relación con el Señor? ¿De que voy a liberarme esta Cuaresma? ¿Qué necesito soltar?

Renueva tu fe y entregale a Dios todo tu corazón con el ayuno.

ESPERANZA

¿Podemos vivir la fe sin la esperanza? La fe es la sustancia de la esperanza. En las Escrituras se habla con frecuencia de la esperanza como la espera anhelosa de la vida eterna por medio de la fe en Jesucristo.

¡Con Cristo resucitó nuestra esperanza! Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Dios nos ha salvado, nos espera y es para nosotros gran motivo de esperanza.

El objeto principal de nuestra esperanza, lo que esperamos propiamente, es algo que nos transciende, es Dios, la “vida eterna”, es la felicidad sin fin. Nuestra meta no está en esta aquí, nos hemos de reconocer como huéspedes y peregrinos en la tierra, añorando la patria futura, la invitación de esta Cuaresma es a vivir con la mirada en el cielo ¡Esa es nuestra esperanza!

Renovemos pues nuestra esperanza, iniciando por el mensaje que transmitimos a los demás, compartiendo palabras de aliento, consuelo, que reconforten y fortalezcan. Seamos entre tanta indiferencia portadores de esperanza y evitemos en nuestro dialogo las palabras que humillan, entristecen, irritan o desprecian.

Renovemos también nuestra esperanza, pasando de la confianza en nosotros mismos a la confianza en Dios, mientras contamos con nosotros mismos y con nuestras propias fuerzas, no podemos ejercitar la virtud de la esperanza. Porque esta virtud la practica quien se sabe infinitamente débil y frágil; quien no se apoya solo en sí mismo; sino quien espera en Dios, con inmensa confianza.

Para crecer en la confianza, necesitamos ir al encuentro del Señor, en el recogimiento y el silencio de la oración.

Con el ayuno vaciamos al alma de sí misma, de lo que nos estorba, pero eso no la llena, no la inunda de Dios, es en la intimidad de la oración que nos entregamos a Dios, nos nutrimos y nos llenamos de Él, reavivando nuestra esperanza. ¡En ti Señor, pongo mi esperanza!

CARIDAD

“¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta.” (Santiago 2:14-17)

Por nuestra fe creemos en Dios que es amor y el amor pide amor. El Papa Benedicto XVI nos dice: “La vocación al amor es lo que hace del hombre auténtica imagen de Dios: Se hace semejante a Dios en la medida en que se convierte en alguien que ama”.

La caridad es la expresión del amor, es el don que da sentido a nuestra vida, la caridad se alegra de ver que el otro crece. Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, y defienden. San Juan nos dice: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

Vivamos una Cuaresma de caridad, cuidando a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia; ofreciendo una palabra de confianza, una sonrisa, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

Aprovechemos este tiempo de gracia y experimentemos una Cuaresma con estos tres gestos presentes: Entrega (fe y ayuno), esperanza (oración) y darse (caridad), y veremos fortalecer nuestra espiritualidad.

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