SÍ, ACEPTO O ¿SÍ, TE ACEPTO?

Por: L.P.A. Lorena Godoy Bibiloni

La vida me ha regalado muchas oportunidades de aprender. Entre ellas, he aprendido a ser hija, hermana, mujer, esposa y madre. Con este último título, se adquieren muchas otras habilidades: ecónoma, nutrióloga, enfermera, doctora, orientadora vocacional, etc., etc. Las madres no me dejarán mentir.  Ciertamente, ha sido una combinación de preparación y apertura para aprender de todas las personas que se han cruzado en mi camino y de las cuales he podido observar, escuchar y valorar, pero, ante todo, descubrir que todos los seres humanos somos únicos e irrepetibles y con un potencial maravilloso a desarrollar.

Profesionalmente llevo más de 25 años dedicada a desarrollar, implementar y evaluar programas académicos para el desarrollo humano integral en las etapas de la niñez, infancia y adolescencia.

En este andar, escucho a jóvenes parejas que están en el proceso de elección de su vocación, específicamente decidiendo: me caso o no me caso.

La constante es que, por lo general, hay muchos más temores que certezas ante la vida matrimonial. Aquí les comparto algunos de ellos en orden de mayor a menor frecuencia:

El número 1 de la lista: PERDERÉ MI LIBERTAD.

El sentirse libre no va en relación de si compartes tú vida con otra persona. La libertad, basada en el bien común, se empieza a formar desde temprana edad. Si desde pequeño descubriste que era más satisfactorio compartir tus juguetes con tus amigos porque te hacía feliz a ti y a ellos, será más fácil dar este paso y comprender, que ahora tus decisiones buscarán la felicidad de los dos y no sólo la tuya.

El número 2: Y SI SE ACABA EL AMOR…

Amigos, el amor no se acaba porque no es algo material que tenga fin. El amor son manifestaciones constantes traducidas en acciones por parte de él y ella que se hacen vida diariamente, sin importar tú estado de ánimo. Por supuesto que será mucho más sencillo cuando uno está emocionalmente estable que cuando andas con la pila baja. Sin embargo, no hay mayor muestra de amor, que, aún con los problemas de la vida diaria, vayas por tus hijos a la escuela, llegues a casa y veas la cocina limpia, las compras del súper ya hecha, o que te reciban con un abrazo y un beso o simplemente, con una sonrisa en los labios que te hace sentir que llegaste a un puerto seguro.

El número 3: ¿DE VERDAD, TODO LO MÍO ES TUYO?

Este punto es muy polémico y se arman acaloradas discusiones ante el Señor Don Dinero. Los que están iniciando desde cero pesos, es decir, únicamente con unos ahorros y un sueldo seguro, por lo general, son los que menos discuten y pronto encuentran acuerdos de cómo organizarse en un futuro. Claro, porque aún no tienen una cuenta jugosa de ahorro, una casa, o un coche.

Lo más sensato que he escuchado y vivido hasta ahora ha sido: no importa a nombre de quién este el bien material si siempre será utilizado para la seguridad y estabilidad económica del matrimonio.

Se dice fácil, pero en los momentos de “pagar la deuda de tu amor”, se pone a prueba si la base de la relación es la responsabilidad de no volver a comprometer los bienes comunes en una mala decisión económica y el hablar abiertamente con tú pareja sobre este tipo de temas para que juntos encuentren la mejor forma de cuidar la economía familiar, sin importar, si trabaja uno o los dos.

El número 4: TENER O NO TENER HIJOS.

Es curioso como existen novios que desde el inicio de su relación están muy seguros y convencidos de cuándo y cuántos hijos quieren tener y, por el contrario, otros que no los contemplan en lo absoluto.

Nuestra experiencia familiar marca en gran medida el deseo o no de formar una familia. Sobre este punto tan delicado, solo te sugiero, que independientemente de tu postura, sea un punto que hablen desde el inicio de la relación. Muchos temas son importantes: el trabajo, la casa, los bienes, la organización de la vida en pareja. Pero traer hijos al mundo, a mi juicio, es la más delicada que deberán analizar en conciencia. Sobra decir, la responsabilidad adquirida para toda la vida. Por ahora, dejaré el tema de los hijos hasta aquí y si me lo permiten, en artículos posteriores, hablaremos de la crianza de los hijos, un tema fascinante lleno de aristas.

En resumen, casarse o no lleva implícito una aceptación de la persona tal y como es ahora con la posibilidad o no de cambio para bien o para mal, ¿de qué depende? del tiempo y esfuerzo que pongan ambos para hacer que esta decisión sea vocacional y no circunstancial.

¿Y tú que dices? Acept@s o lo acept@s

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