Ser como un niño

Por Pisc. Elda Lyeva

Ser como niño, en esta etapa de nuestra vida solemos estar muy cerca de nuestra esencia o estado espiritual, un niño es auténtico, cariñoso, alegre, confiado, capaz de aceptar y adaptarse, así como de amar sin condiciones. Por eso nos dice Jesús tienes que ser como un niño para poder entrar en el reino de los cielos.

La clave está en “ser como”, no significa que solamente los niños pueden entrar al cielo, sino que para poder entrar necesitamos recuperar esa autenticidad, alegría y capacidad de confiar que teníamos cuando éramos niños, esa pureza que nos caracterizaba, pero ¿Cómo lograrlo?

En psicología existe un término llamado el “niño interior”, que describe 3 partes de nuestro ser: esa esencia que nos acerca a nuestra parte espiritual, que es el estado más puro que podemos encontrar; ese potencial que podemos llegar a ser, si decidimos volver a conectarnos con nuestra espiritualidad; y finalmente esas heridas que experimentamos y que hoy en día nos tienen desconectados de nuestro autentico ser.

De aquí que todo trabajo que dispongamos a ser para reconectarnos y desarrollar nuestro potencial sea interno, aunque muchos pasemos buscando aquello que nos hace falta en el exterior. La verdadera fuente está en nuestro interior, en ese niño herido, vulnerable, solitario, dolorido, rechazado, abandonado y desatendido. Que se esconde detrás de una coraza que ha construido para defenderse o protegerse de recibir más dolor del exterior, a la cual los psicólogos llaman: “ego” o “personalidad”.

Ese dolor tiene su origen en las experiencias que hemos vivido, en las historias que otros nos han contado y nos hemos creído, así como en las historias que nosotros mismos nos hemos contado. Muchos de nosotros hemos vivido años buscando el amor, la aprobación, la valoración y el apoyo de otras personas. A más de uno le hubiera gustado escuchar cuando éramos niños: te amo tal cual eres, bienvenido al mundo, deseaba tanto tenerte aquí, eres especial, etc. Por esto el niño interior herido se la pasa buscando afuera aquello que más necesitó recibir durante su infancia y que finalmente solo podrá encontrar en su interior.

Algunas señales para reconocer un niño interior herido son:

  • ¿Reaccionas de forma exagerada, pierdes los estribos o te sumes en la tristeza ante situaciones sin importancia, ahogándote en un vaso de agua, sin conseguir hallar la salida o una solución?
  • ¿Tropiezas una y otra vez con la misma piedra, repitiendo conductas que no te convienen o interesan, cometiendo errores que creías ya superados?
  • ¿Te gustaría comunicarte mejor con los que te rodean, pero parece como si hablaran distinto idioma?
  • ¿Si te hacen una crítica sientes que es una ofensa, te ofuscas y pones a la defensiva?
  • ¿Tienes dificultades para encontrar pareja? ¿Cuándo mantienes una relación amorosa, no dura mucho porque surgen los conflictos, entras en crisis, se rompe y vuelves a la soledad?
  • ¿Descuidas a menudo tu salud física, comiendo de forma desequilibrada, no descansando lo suficiente, llevando una vida sedentaria o siguiendo costumbres que perjudican tu organismo?
  • ¿Quisieras ganar más dinero o mejorar tu situación económica, pero te sientes estancado, no crees que te lo mereces, no perseveras en tus esfuerzos o los auto-saboteas y tienes resistencias a lograr la prosperidad?

Si tus respuestas a algunas de estas preguntas son afirmativas, es una señal de que necesitas sanar tu Niño Interior.

Sanar las heridas requiere de un trabajo profundo.

Busca un lugar donde puedas estar en silencio, donde nadie te interrumpa. Ponte cómodo y encuéntrate con la mirada de Jesús, ve hacía Él con humildad y confianza.

Si tienes dudas o quieres hacerme algún comentario escríbeme al correo: psic.eldaleyvanovelo@gmail.com

¡Que la paz de Dios este contigo y tu familia! Dios te llene de bendiciones…

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