Semillas de amor

Por: L.E.P. Valentina Gómez León.

“Cuando plantas una semilla de amor, eres tú quien está floreciendo.” Rumi, siempre seremos semilla

Más bien, somos semilla y sembradores. Podríamos decir que gran parte de lo que nace y existe en nuestro mundo, surge de una semilla. Las semillas en la naturaleza dan sus frutos para ayudarnos en nuestro proceso de alimentación.

Nace de sus entrañas vida, que ayuda a preservar nuestra vida y la de muchos otros seres. La semilla se seca antes de germinar en una nueva planta, es decir, cuando una flor o vegetal comienza a secarse, es el mejor momento para extraer sus semillas.

Este proceso crea una bella metáfora relacionada con la continuidad de la vida, algo así como que “tiene que morir para vivir”.

Me parece que algo similar ocurre en nuestro interior. Para reconocer lo que realmente somos y lo que es nuestra vida, dentro de nosotros requieren morir los miedos y todo lo que no es amor.

Cuando esto ocurre, resurge en nuestro corazón algo tan grande, que da vida a un nuevo ser, que es, nuestro verdadero YO, expresando “mágicamente” las virtudes de nuestro corazón que son nuestro poder interior.

En mi vida como estudiante, elegí ser Educadora, “maestra jardinera“ como llamaron en sus inicios a las docentes de Educación preescolar, ya que se decía que su función era sembrar y cultivar las más bellas flores en el jardín de la mente de los infantes.

Ahora que soy adulta, estoy segurísima que nunca me equivoqué. ¡Amo ser Jardinera! amo sembrar en mi mente todas las nuevas ideas y conocimientos que me llevan al camino de lo que es mejor para mí, para mi vida, mi mente y mi alma.

La verdad, mi mayor deseo es ayudar con mis semillas, a la mayor cantidad de personas que sea posible. Creo que todos anhelamos despertar ese don o propósito de vida que se nos ha otorgado para auxiliar y colaborar con nuestra comunidad. Ser de alguna manera esa sal de la tierra de la que tanto se habla.

Si analizamos cuál ha sido la función de la sal, podemos entender lo que significa aspirar a ser la sal de la tierra. De alguna manera es ayudar a que permanezca en buen estado la maravillosa creación de Dios.

Pero ¿cómo podemos ayudar? Según un escrito de Samuel Barruecos relacionado con el significado espiritual de la sal, él indica que la sal era usada para: Preservar los alimentos, por lo tanto, su significado espiritual es preservar el amor y todo lo bueno.

Es decir, permanecer alejado de todo lo que nos “descompone”.  La sal se utilizaba para cauterizar las heridas y evitar que se infecten; en términos espirituales es evitar que malas acciones y heridas que nos lastiman, se infecten dentro de nosotros.

El perdón es la sal que cauteriza los rencores y sentimientos de dolor. La sal en las ofrendas, significa el amor genuino en nuestras buenas obras. Todo lo que se llevaba como ofrenda, era rociado abundantemente con sal para su purificación. Por lo tanto, todas nuestras obras, “deben ser rociadas con sal” es decir, que aquellas buenas obras que pongamos en práctica, sean hechas con amor genuino y puro, nunca fingido y corrupto y sin ninguna intención oculta o interés en ganar algo con ello.

Si ponemos en práctica estos tres atributos: permanecer cerca de todo lo bueno, practicar el perdón y brindar un amor genuino en nuestras obras; podemos ayudar. De esta forma colaboraremos con nuestro proceder en la vida.

Nuestra semilla será fértil cuando en nuestro interior trabajemos todo lo que nos hace daño y partiendo de ahí, ayudaremos a preservar en todos los seres, la costumbre de amar y apoyarnos los unos a los otros.

Seguramente surgirán ocasiones en las que vivamos alguna decepción, porque no todo es como lo esperamos; sin embargo, así son las cosas, existen muchas situaciones y conductas que aborrecemos de este mundo.

Analiza… ¿Qué es lo que no me gusta de mi mundo? ¿Qué aborrezco de mí día a día? Tu tarea es descubrirlo, escribirlo y trabajar para no parecerte en nada a todo lo que aborreces. “Todo eso que no te gusta en lo que ves, límpialo en ti “.

De esa forma, nos convertiremos en la versión que queremos ver en este mundo y nuestro ejemplo será una gran semilla que dará los mejores frutos que podamos imaginar. Esta acción puede ser a la vez tan sencilla y tan difícil.

Muchas de las personas que han trascendido a través de la historia, las hemos conocido porque el poder de su palabra y sus hechos han sido coherentes. Esas personas, nunca se ocuparon de juzgar a nadie, simplemente se dedicaron a sembrar cada día semillas de amor. Eso, los hace diferentes.

A veces pienso que esas personas, cuando hablaban de la verdad ante grandes multitudes, nunca se presentaban ostentando sus grados académicos o platicando de sus posesiones ni títulos nobiliarios. Ellos eran grandes por todo lo que llevaban en su interior, en su palabra y en sus acciones. Por lo tanto, nunca nos preocupemos por esos asuntos, solo dediquemos nuestro tiempo para crecer en nuestro interior, sembrar en nuestro corazón esas semillas que nos permiten florecer.

Y recordemos siempre que, para crecer, es importante saber que cuando realmente crezco, adopto la costumbre de aceptar a los demás como son, porque entendemos que cada quien tiene su propio proceso en esta vida y aceptar con compasión a los demás, eso, es realmente ser una persona que ha crecido.

Al final de todo, ¿realmente sabes quién eres? ¿Qué sientes? Imagina que miras en tu interior y descubres quien eres. Eres mucho más que todas las etiquetas que has cargado durante tu vida.

En realidad, todos somos mucho más de lo que realmente conocemos de nosotros mismos. Somos seres que estamos aquí para ser cada día mejores, ser diferentes y mejorar nuestro entorno. Como dice el Dr. Miguel Ruiz: “Las semillas son opiniones, ideas y conceptos.

Tú plantas una semilla, un pensamiento, y este crece. Las palabras son como semillas.” “Todas las mentes humanas son fértiles. Pero sólo para la clase de semilla para la que están preparadas, lo importante es descubrir para qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para recibir las semillas de amor”.

Para terminar te aconsejo este ejercicio que ayudará a embellecer el jardín de tu mente: Escribe cuales son las semillas de amor que deseas para tu vida y agradece cada día porque dentro de tu ser van floreciendo y logras disfrutar todo lo que siempre has deseado dentro de tu corazón.

El amor, la gratitud y el perdón son elementales para fertilizar todas las semillas que deseas ver floreciendo en tu vida. Úsalos siempre y tendrás grandes resultados.

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