Sanar las heridas de la infancia

Crecimiento Personal, por: Psic. Elda Leyva Novelo.

Continuando con nuestro viaje al interior, encontramos una parada obligatoria: Las heridas emocionales.

En algún momento de nuestra vida hemos experimentado un acontecimiento que nos ha hecho sentir alguna emoción intensa, como: dolor, rabia, soledad, ira, miedo o tristeza; que han generado una marca negativa y duradera.

Este daño emocional acaba teniendo consecuencias en la forma que nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

Durante la infancia es donde casi todos hemos vivido alguna situación que nos ha marcado y ha dejado una cicatriz en nuestra personalidad. Existen cinco heridas emocionales que suelen surgir en nuestra infancia:

1. Abandono: Las personas marcadas con esta herida experimentaron una falta de afecto, compañía, protección y cuidado que les marcó tanto, que se encuentran en constante vigilancia para no ser abandonados y sienten un temor extremo a quedarse solos.

2. Rechazo: Experimentan miedo al rechazo quienes vivieron la no aceptación de sus pensamientos, sentimientos, vivencias, amor e incluso de su propia persona. Los que tienen está herida piensa que no son dignos de amar ni de ser amados.

3. Humillación: Quienes se sintieron desaprobados, criticados, y ridiculizados tienen está herida, y experimentan dificultades para expresarse construyendo una personalidad dependiente. Se considera mucho más pequeños, menos importantes y menos dignos, valiosos o capaces de lo que en realidad son.

4. Traición: Está herida genera un miedo a confiar que surgió de haberse sentido defraudado por alguien que no ha cumplido sus promesas o compromisos. Esta herida emocional construye una personalidad fuerte, posesiva, desconfiada, que tiene la necesidad de control para no sentirse estafado.

5. Injusticia: Se origina cuando se experimentan relaciones frías, rígidas, autoritarias y poco respetuosas. Esa exigencia constante generará sentimientos de ineficacia, inutilidad y una sensación de injusticia; formando una personalidad rígida, incapaz de negociar o aceptar otros puntos de vista diferentes a los suyos.

Para sanar las heridas emocionales necesitamos: conectar con nuestras emociones, es importante no mirar hacia otro lado y aceptarlas. Debes tener la firme voluntad de sanar tus heridas.

En tus manos está atender cada una de las heridas emocionales que se han implantado en tu interior, porque nadie lo hará por ti.

No intentes esconder tu dolor, necesitas darte la oportunidad de sentirlo, cuando podemos aceptar el dolor que sentimos, reconocemos su causa.

Toma en cuenta que estas heridas llevan años instaladas en tu interior. Las heridas dejan huellas silenciosas que reviven en situaciones similares o cuando recordamos aquello que nos hizo daño.

Para sanar hemos de estar dispuestos a dejar ir a sus heridas y el dolor que las acompaña, recupera tu poder personal, atiende tus heridas y libérate de ellas; mereces tener una vida plena y satisfactoria.

Es verdad que las heridas tienen un origen externo, pero si queremos recuperarnos necesitamos aprender a controlar lo que hacemos con ese daño que nos han causado. Y la mejor estrategia para recuperar el control de tu vida es el perdón, que te libera y te ayuda a reconectarte con la paz que tanto mereces.

Sanar requiere atender a nuestro niño interior herido, que está esperando que alguien le ame, le reconozca y le quiera. Pero ese alguien no viene de fuera, eres tú quien necesita darle ese amor que tanto necesita.

Te comparto este ejercicio para sanar a tu niño interior: Elije una foto de cuando eras niño, que te haga sentir una conexión emocional con ese niño que un día fuiste. Observa la foto unos minutos y después cierra los ojos, visualiza o imagina es ese niño, háblale y platica con él.

Dile cariñosamente que comprender todo lo que sufrió, que lo comprendes, que crees en él y que lo amas. Abrázale y dale todo el amor que puedas.

Bailen juntos, diviértanse, rían. Dile que estas aquí para escucharlo, para que se sienta protegido, aceptado y valorado. Comprométete a cuidar de él, de ahora en adelante.

Abrázalo nuevamente y despídete, dile que continuaras cuidando de él para que sea el niño alegre y amado.

Espero te sea de utilidad este ejercicio, la realidad es que las heridas no sanan de la forma en que nos gustaría, sanan de la forma en que necesitan sanar. Se necesita tiempo para lograr la sanación, date ese tiempo, cuídate, acéptate, valórate y ama a tu niño interior.

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