Reinventemos la Navidad… calidez, emociones y tranquildad

Plática entre amigos con el psicólogo Jhoan Manuel Castejon Duran.

Con la llegada de Diciembre, llega también una de las épocas más simbólicas en el mundo, un mes de fechas emblemáticas, con cuentos de generaciones y tradiciones culturales que forjan una identidad y una emoción en todos los seres humanos. Es que la Navidad es una festividad religiosa en la que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesucristo, celebrándose el 25 de Diciembre de cada año y junto con el año nuevo del calendario gregoriano, representan las celebraciones más grandes a nivel mundial.

Por ser una época tan significativa a nivel social, cultural y religiosa, es de esperarse que las implicaciones psicológicas y emocionales se encuentren presentes en todos nosotros a lo largo de este mes. Y es que mientras hay quienes consideran que esta es una época bonita, feliz y divertida, hay personas que la viven de forma diferente, con tristeza, nostalgia, agonía, estrés e incluso rabia.

Tristeza en navidad…

Aunque existe una gran cantidad de personas que disfrutan la Navidad como la época más feliz de año, para otros puede ser el inicio de un mar de emociones como tristeza, ansiedad y mal humor. En esta realidad conflictiva, de post pandemia, surgen un sin fin de situaciones que a nivel personal nos pueden hacer caer en lo que se conoce como depresión blanca o “blues” de Navidad.

No existe un diagnóstico especifico en el Manual Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) tipificado como Depresión Navideña, sin embargo, muchos expertos la definen como un estado de ánimo transitorio y negativo, que genera una reacción emocional ante la decoración navideña o a la música de los villancicos y de la época. Cabe destacar que también se le asocia al Trastorno Afectivo Estacional que es un tipo de depresión relacionada con los cambios de estación.

Entre sus principales síntomas se encuentra la apatía por las actividades relacionadas con los festejos navideños, como posadas y reuniones familiares, y la aversión por todo lo relacionado con intercambios, fiestas y regalos. Esto genera un aislamiento en las personas que los lleva a presentar irritabilidad extrema y pensamientos negativos, autocompasivos o destructivos.

El odio a la Navidad…

En el cuento “¡Cómo el Grinch robó la Navidad!”, escrito por el Dr. Seuss en 1957, podemos observar la sintomatología del odio hacia esta época de forma más emblemática. Y es de esperar que a lo mejor te hayan denominado Grinch si por alguna razón no quisiste participar en algún intercambio de regalos en la oficina o con la familia, a lo mejor fuiste tú quien se lo dijo algún compañero o a alguien que expresó fríamente que no le gusta la Navidad. 

El trasfondo psicológico y emocional del odio por la navidad se puede explicar de diferentes maneras. Para muchos, este odio puede venir sustentado por el desembolso de dinero constante que realizan algunas personas que se dejan llevar por el marketing, pues nos han vendido la falsa idea que los regalos nos generan felicidad. El odio hacia la Navidad viene del desplazamiento de las emociones negativas evocadas por los malos recuerdos, traumas y problemas agobiantes que se originaron justamente en esta época, en este caso en particular, el odio funciona como mecanismo de defensa ante este tipo de situaciones.

Ansiedad por metas no cumplidas

Con la llegada del fin de año puede presentarse un proceso valorativo a nivel personal de “temas pendientes”, como metas no cumplidas, pérdidas de personas cercanas, cambios de ciudad o culminación de relaciones, situaciones que naturalmente nos hacen entrar en conflicto y estrés. Si a esto le sumamos las reuniones familiares que para muchas personas se convierten en un juicio social sobre su vida personal, es de esperarse que nos sintamos tensos y angustiados.   

Es importante mencionar que la exigencia de sentirnos felices en esta época igual se convierte en un factor de estrés importante. Los constantes mensajes publicitarios, las películas que muestran fiestas emblemáticas y el uso constante de redes sociales pueden agobiar no solo a los adultos sino también a los adolescentes, debido a que al no cumplir con estos estándares de felicidad y fiesta, solo se refuerza la culpa por no sentirse de esa forma.

Recomendaciones para esta Navidad

Las secuelas en la salud mental de la era post pandemia son inminentes. Es normal sentirse estresado, triste o preocupado por el COVID-19, especialmente si usted o su ser querido se enfermó. Por eso es necesario cambiar el lenguaje sobre las fiestas decembrinas, y a lo mejor no es desear “felices fiestas”, cayendo en esta idea que siempre se debe ser feliz, sino más bien desear una tranquila Navidad, no siempre podemos estar felices, pero si podemos buscar sentirnos tranquilos. Recuerda que para muchas personas en esta era post pandemia, la convivencia con otros significa un peligro, si decidiste acudir a eventos sociales lo mejor que podemos hacer es aprovechar al máximo esos encuentros, olvídate del celular y las redes sociales y trata de conectar al 100% con las personas que convives. 

Desde el enfoque de la convivencia humana ¿cómo se vive o se siente la Navidad en estos tiempos?

-La Navidad se siente condicionada por las diversas consecuencias sociales que trajo consigo la pandemia por COVID-19. Uno de los principales factores que nos viene acarreando síntomas de angustia fue el alarmismo comunicacional a nivel mundial, debido a esta secuencia sistematizada de informar día a día la cantidad de contagio y países con mayores casos; esto género un temor contundente a contagiarse que se traduce en comportamiento, como no acudir a eventos sociales, limitar la interacción con personas nuevas y mucho menos tener interés en sentir la Navidad como evento social.

Otras de las limitantes de la convivencia tienen que ver con el cumplimiento de protocolos para la nueva normalidad. Las personas suelen sentirse con rabia o irritables cuando observan que no cumplen con la sana distancia o que se utiliza mal el cubrebocas, generando posibilidad de conflictos con las personas de su entorno. Adicional a esto, vale mencionar la actitud suspicaz que podemos llegar a tener sobre el comportamiento de los otros, asegurando si se “cuidan” o no, es un elemento claro para que los eventos sociales se vuelvan tensos.

¿Qué podemos rescatar de las tradiciones navideñas para fomentar una relación sana con nuestra familia y amigos?

-Me dio mucho para pensar esta pregunta, porque me hizo recordar a una paciente que tenía la creencia de que las “tradiciones” nos ayudan a tener relaciones “sanas”, y para ella era muy angustiante no cumplir con todas las tradiciones típicas como armar el tradicional arbolito o decorar y hacer intercambio de regalos. Y es que las relaciones sanas dependen un conjunto de factores que van más allá de colocar el árbol en familia o si tienes una gran cena el 24 de Diciembre.

Desde mi punto de vista, las tradiciones navideñas nos brindan la posibilidad de vivir tiempo de calidad con las personas cercanas a nosotros. Nos dan la oportunidad de crear espacios de afecto, de encuentro humano real, con abrazos y a su vez permite hacernos sentir que somos parte de un grupo, de una familia. Entonces los que podemos rescatar de cualquier tradición es: Conéctate con el momento, apaga el celular y disfruta esa posibilidad.

A partir del COVID-19, muchas personas se comunican de manera virtual ¿Eso ha cambiado la conexión afectiva entre las personas? En caso de que sí, ¿De qué manera y qué podemos hacer?

-Sí, cambio totalmente. Pero esto tiene sus orígenes desde la llegada del Internet al mundo. Lo que sucedió con la pandemia fue que el uso de las video llamadas tuvo un incremento exponencial, aunado a las restricciones de movilidad y confinamiento exigían el uso de estas plataformas para poder trabajar o seguir con los estudios en ámbitos educativos, incluso muchas personas comenzaron a realizar reuniones sociales a través de estas aplicaciones para seguir conectados con sus amigos. En los últimos meses se presentan cambios, ya que el público en general ha presentado síntomas de cansancio y fatiga por la gran cantidad de horas que se encuentran frente a la pantalla.

Los espacios virtuales mediatizan la expresión, experiencia y comunicación de sentimientos y emociones de las personas con la finalidad de crear conexiones más reales. Esto ha permitido conectar de forma sincera e inclusive emocional con nuestro entorno; el hecho de que podamos ver la cara del otro y hacer contacto visual, ver sus expresiones faciales, nos brinda la sensación de conexión y considero que esto debe ser aprovechado. El resultado de esto es la aceptación que hoy en día tiene la telemedicina o tele-psicología.   

Esta realidad tecnológica nos obliga a que hoy estemos adaptados a la comunicación digital, pero he de hacer notar que lo “online” nunca podrá suplantar el contacto real con cualquier persona, somo seremos sociales que requieren la afiliación como algo primordial en nuestra vida. Por otra parte, la adicción al uso de videollamadas y redes sociales está creciendo por parte de niños y adolescente, como padres es sumamente importante establecer reglas claras para optimizar su uso de forma sana. Es necesario establecer y negociar presupuesto de tiempo en las pantallas y/o video llamadas con tus hijos, así como también prohibir el uso de los mismos antes de dormir.   

La pandemia ha dejado ausencias en algunos casos imborrables ¿Qué nos recomiendas para estas situaciones? ¿Cuál sería la mejor forma de sobrellevar esas ausencias en esta temporada navideña?

-No existen formas correctas o universales de cómo sobrellevar un duelo en la Navidad. La realidad es que el duelo es un proceso emocional que depende de las capacidades de expresión emocional, aceptación de la perdida y elaboración cognitiva de las personas. Sin embargo, me gustaría comentar algunas acciones que han evidenciado adaptación en el afrontamiento de este:

  1. Consenso: Realizar reuniones familiares antes de las fechas navideñas con el objetivo que todos los involucrados puedan expresar abiertamente deseos, opiniones y pensamientos sobre llevar a cabo una celebración de Navidad. 
  2. Elección: La elección sobre cómo pasar la temporada decembrina debe ser respetada al 100%. Evitar persuadir a los otros sobre sus decisiones a fin de evitar conflictos.
  3. Hablar abiertamente: A veces tenemos tendencia a ocultar información sobre la muerte a los más pequeños de la casa con la intención de “protegerlos”, pero ésto puede limitar su experiencia de duelo y en un futuro su desarrollo emocional.

Las personas que no se sienten capaces de saber cómo afrontar la muerte por sí mismas, deben considerar acudir a un especialista cuando los síntomas del duelo persistan en el tiempo y afecten su vida diaria. 

Independientemente de un regalo material ¿Qué detalle nos recomiendas dar a nuestros seres queridos y amigos en esta temporada?

En estos tiempos tan complejos, con realidades tan distintas y pensamientos polarizados, lo mejor que podemos regalar es la Empatía, entendida como la capacidad para percibir, sintonizar, conectar y comprender las emociones y los sentimientos de los otros. Esto nos brindará encuentros de calidad y la posibilidad de saber por qué el otro piensa lo que piensa, siente lo que siente y hace lo que hace. No existe nada mejor para conectar con los seres que amas que sentirte escuchado, atendido por el otro; es el valor más humano que todos podemos brindar.

Que tengan una tranquila Navidad…

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@Psicjhoancastejon

Jhoan Manuel Castejon Duran es originario de la ciudad de Barquisimeto en Venezuela. Es licenciado en psicología por la Universidad Yacambú, cuenta con una maestría en comunicación y formación cognitiva conductual.

De igual forma, cuenta con diplomados en psicoterapia y psicoanálisis, sexología, psicología de la salud. Apasionado de la investigación, defensor de derechos humanos y fiel creyente de los procesos de cambios que se obtienen en la terapia.

Cuenta con mas de 12 años de experiencia trabajando en entornos organizacionales, de atención a la salud y ha desarrollado su consulta privada en la atención de la dependencia emocional y el enfoque personal a la pareja.

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