El niño perdido y los monstruos invisibles

Por: Orlando Lara.

Cuando era niño creía con frecuencia que los adultos tenían el poder de la clarividencia, me parecía mágico que ellos supieran exactamente lo que iba a pasar; por eso hoy te presento unos monstruos que no se ven pero atacan, y como un acto de magia se integran a nuestra alma para no irse, nunca jamás.

Los niños creen en la magia, en los sueños y toda la fantasía que crea la mente. Por eso, en esta ocasión, la invitación es a que vayas por tu niño interior y te conectes con él por medio de la empatía, para que juntos podamos encontrar una explicación a los niños perdidos en la vida adulta y encontrar los monstruos invisibles, que no se ven pero marcan, asustan y dañan de igual forma, incluso peor.

Primavera:

Tienes 5 años y estás en la casa de tus abuelos, es un día soleado de primavera y corres por todo el patio que casi puedes volar, el cielo es el límite; pero de la nada escuchas que te gritan a lo lejos que corras más lento porque te vas a caer.

Pero tú vas más rápido que las palabras que te dicen, que te alcanzan minutos después de que un adulto lo dijera y… Te caes.

El dolor es horrible pero al mismo tiempo es reconfortante saber que tienes a alguien ahí que sabe lo que pasará contigo en el futuro y tiene palabras para ti, así que vuelves a correr.

Corres y te pierdes.

Verano:

Tienes 7 años cumplidos y lo único que te sirve de consuelo para este calor intenso es la fiesta de piscina en honor a tu compañero de la primaria. Cuando crees tenerlo todo listo, tu mamá te dice que no olvides usar una playera que combine con tu short de baño porque tu cuerpo no es muy delgado y los niños que no son delgados usan playera para cubrirse el cuerpo.

Aunque estás triste, llegas a la fiesta y te diviertes, incluso llegan momentos en los que se olvidan las palabras, pero al regresar a la mesa escuchas como tus papás comparan tu forma de nadar con las de otros niños, ellos dicen que no eres suficiente y entonces te pierdes.

Nadas y te pierdes.

Otoño:

Lo difícil de tener 10 años en un día lluvioso es que hay pocas cosas que hacer, por lo que tal vez eliges ese día para crecer, miras en la TV la película de acción y peleas, que no se comparan ni un poco con las que suceden en tu casa.

Existen las mismas peleas, el mismo drama y los mismos golpes y luego te das cuenta de que tus papás no son super Héroes, ni los protagonistas y en medio de la confusión, te pierdes.

Miras la TV y te pierdes.

Invierno:

Tienes 13 y ahora estas muy perdido para recordar como ser un niño a los 13 años, después de tantas palabras que hirieron tu alma, mente y corazón, todas tus células ya están cansadas de llorar y entonces te pierdes.

Lloras y te pierdes.

Y así se acaban las estaciones… Así se nos va la vida, en palabras que se trasforman en recuerdos de dolor.

El poder de las palabras radica en la sabiduría con la que las usamos, pueden convertirse instantáneamente en armas y crear daños irreparables o en monstruos que asustan nuestros sueños para no cumplirlos nunca.

Existen muchos niños perdidos en el mundo, que no encontraron paz.

Si hoy eres adulto ayúdanos a pelear con esos monstruos.

Algunos niños se rompieron, si eres uno busca ayuda.

Usa tus palabras con la sabiduría más sublime.

Algunos tratan de encontrarse.

Cambia el cuento.

Fin.

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