El arte de vivir bien

Por: LEP. Valentina Gómez León.

El arte de vivir bien tal vez sea todo lo que te parezca digno de recordar con una sonrisa en el rostro y una caricia en el alma. Aquellos momentos que al cerrar los ojos y evocarlos como un recuerdo, emiten en nuestro cuerpo esa cálida sensación que va acompañada de un placer indescriptible y que en muchas ocasiones son las que nos hacen sentir vivo.

No en balde menciona Epicuro:

“Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado, se ha hecho viejo ese mismo día”.

 Cada uno de nosotros vive a su manera y como ya sabemos que “cada cabeza es un mundo”, existe un universo de paradigmas alrededor del buen vivir. Aquí nos enfocaremos en el paradigma del SER, como persona y ser humano.

Obviamente es probable que cada individuo siente que vive muy bien, pues su proceder en ocasiones es producto de algunos esquemas aprendidos. Sin embargo en esta vida hay algo muy cierto en las palabras de Sthepen Covey: “No soy un producto de mis circunstancias, soy un producto de mis decisiones”.

Si ponemos en una balanza lo que vivo cada día (que tal vez pueda etiquetar como las circunstancias) y lo que decido hacer en mi vida o más bien con mi vida, llego a la conclusión que las decisiones más importantes son las que YO elija tomar y son las que me irán guiando hacia lo que YO decido para mí. Pero ojo, el impacto de mis acciones elegidas por cuenta propia vienen cargadas de una gran RESPONSABILIDAD ya que lo mejor es que incluyan de manera implícita el bienestar físico y emocional, tanto propio como de todo lo que nos rodea, incluyendo las personas y seres del mundo en que vivo.

En algún momento leí que la mejor decisión es la que le da paz a tu corazón y esa paz encierra el ser honestos y elegir siempre hacer lo correcto; de ahí la importancia de priorizar que nuestras decisiones nunca nos generen estrés y mucho menos nos roben la energía y la felicidad.

Ahora bien, ¿por qué hacer énfasis en que las decisiones más importantes son las que tú eliges? Porque es necesario que aprendas a guiarte de manera correcta y honesta por convicción propia, no porque otros te digan que esto o aquello es lo correcto. Nadie va a desarrollar esa habilidad por ti, solo tú, con tus propias decisiones, buenas o malas, podrás ir moldeando tu vida y lo que realmente deseas para ti. Esto puede ser sencillo o difícil, todo depende de lo que crees o percibes como el hecho de “vivir bien”. Y es que uno realmente VIVE cuando hay cierta chispa de emoción que nos hace vibrar por dentro y casi siempre decir desde el fondo de nuestro corazón… ¡Esto es vida!

Existen personas muy meticulosas y analíticas al tomar decisiones y hay otras que se dejan llevar por sus corazonadas o la inteligencia de su intuición; cada individuo aprende a su tiempo lo que necesita aprender. Menciona Epicuro que “llegará un momento en que creas que todo ha terminado, ese momento será el principio”.

Nadie puede ni debe hacer las cosas por nosotros, cada individuo elije el camino que transita en esta vida, toma sus decisiones , agradece lo vivido y aprende de sus propios errores; al fin y al cabo nuestros aciertos y errores son los que nos impulsan hacia el logro de nuestro objetivo y a desarrollar el arte de vivir bien.

La historia de Jorge Bucay titulada “el buscador” nos da mucha luz para enriquecer nuestro arte de vivir. En resumen narra lo siguiente:

El buscador llego a un pueblo después de mucho caminar, se sentó a descansar y al estar observando lo que le rodeaba, descubrió que estaba en un cementerio donde las lapidas en general tenían inscrito el nombre de las personas y el tiempo que habían vivido. Grande fue su asombro al leer los pocos años de vida que tenían todas las lápidas. El buscador se puso a llorar de tristeza, pues pensó que algo muy grave había ocurrido ahí y muchos niños estaban muertos. Decidió hablar con el cuidador del cementerio y preguntarle; el anciano, al verlo tan acongojado le dijo: puede serenarse, aquí no ocurrió ninguna masacre ni maldición alguna, lo que pasa es que en nuestra comunidad tenemos una vieja costumbre; cuando alguien cumple quince años, se le regala una libreta como la que traigo colgada al cuello y es tradición que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente algo, abre su libreta y anota que fue lo que disfrutó y cuánto tiempo duró el gozo y el placer vivido.

Así se anota en la libreta cada momento que disfrutamos intensamente. Cuando el cuerpo muere, se toma la libreta, se suma el tiempo de todo lo disfrutado y se escribe sobre su tumba; porque este es para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Para terminar es importante que analicemos…

¿Cuánto tiempo queremos realmente vivir?

¿Qué estoy haciendo, que decisiones estoy tomando en mi vida?

Al final… dice Epicuro: “El arte de vivir bien y el arte de morir bien son uno”.

Artículos recientes