Desde la compleja sencillez de la paternidad: Kike Ortiz

Platica entre amigos.

Así como en mayo se festeja y celebra a la madre, rendir homenaje al padre no podría pasar desapercibido, por eso en junio, se le brinda ese merecido reconocimiento. Ser padre al igual que ser madre -en el sentido estrictamente formativo que no biológico- no es tarea fácil, es una habilidad, don o característica, que se desarrolla y perfecciona con el tiempo, y de la cual para hacer una evaluación, se requiere sencillamente, mucho tiempo y paciencia.

En esta ocasión VIVIENDO TU MUNDO AL 100 platicó con Kike Ortiz Quintana, profesional de la psicología cuya misión es la de acompañar a personas y comunidades en procesos de desarrollo, que propone la experiencia interior y espiritual como plataforma y lugar para la realización armónica e integral, y esto es lo que nos compartió:

“Definitivamente el tema, como la vida, es complejamente sencillo… me explico, somos una trama de historias; recuerdos; relaciones; vínculos; memorias; sueños; vaivenes; rupturas; en fin… un caudal de tanto que converge dentro en un singular concierto de resonancias y ecos llamados experiencia humana. Esta complejidad es sencilla no simple. La sencillez nos evoca siempre a la belleza. Pensemos un poco en un atardecer, es un hermoso paisaje, más si estás sentado en una playa y las aguas de ese mar inmenso te alcanza los pies. Para la física y sus leyes macro planetarias se trata de una suma de gases, densidad, rayos gamma, ángulo de reflexión, gravedad, radiación, y un sin número de efectos más que un experto enunciaría de mejor forma. Todos hemos sido alcanzados por la paternidad. En su complejidad y en su sencillez. Incluso aquel, aquellos que no vivieron una experiencia de vida junto a un padre, incluso aquellos que por diferentes circunstancias viven una ruptura con su figura paterna. Esta generalización pudiera leerse simple, anecdótica o tal vez idealista, pero es de mi interés compartir mi experiencia en estas líneas porque mientras escribo ésto reconcilio, sano, recuerdo y agradezco mi experiencia paterna, no la mejor, no la peor, sencillamente eso… mi experiencia paterna”.

Cierto es que en México –continuó-, al menos, existe una idea sobre la paternidad que conlleva una suma cultural importante dado el devenir social e histórico como pueblo. Y no es para menos. Independientemente del poder adquisitivo nos encontramos en familias y personas con modelos de paternidad donde impera la concepción como proveedor de bienes; regulador de emociones (sobre todo si por regular emociones se entiende contener las mismas); protector estoico; y referente absoluto para las relaciones de todo tipo dada la firmeza y la sobriedad que le siguen. ¡Vaya que han evolucionado estas concepciones a través del tiempo! Sólo basta recordar la curva poblacional que ha suscitado el número de hijos por matrimonio en los últimos 40 años, y que de manera directa impacta en los imaginarios psicológicos y sociales en muchos temas: la familia, el futuro, la economía, los derechos humanos… por supuesto en la paternidad. Hoy, por fortuna, conviven otras concepciones, otros imaginarios, otras realidades. No deseo desacreditar el legado cultural aún existente sobre este tema, sino destacar el nuevo amanecer emergiendo frente a nosotros, un amanecer lleno de posibilidades, engendrado con la semilla del diálogo y la construcción de una sociedad diferente, echado a andar desde otros parámetros y buscando la amplitud de conciencia sobre la vida y cuanto acontece en ella. Frente a este amanecer me sitúo. Soy parte de ese devenir cultural que me define desde un arquetipo social, pero ahora también comprendo que la experiencia es más amplia, más compleja, más prometedora y con mayor posibilidad de transformación en lo particular y en lo general.

“Para contextualizar un tanto podría conversar sobre mi papá, quien de tanto he tomado y me siento orgulloso de encontrar rasgos de él en mi persona. También he de conversar sobre mis “otros padres” quienes han estado también ahí, en los valles y en las cimas, nutriendo con su presencia todos estos años. Todos ellos, en el mismo horizonte de la vida, han promovido en mí oportunidades para encontrarme; definir mis sueños; clarificar mis expectativas; sondear mis adentros; “domar a mis leones” y “amamantar a mis cachorros”. Todos suman y convergen hoy. Más cuando me encuentro rodeado de tres mujercitas de menos de 4 años quienes me ofrecen la expresión más sonora y vibrante del día: ¡Papá!

Dicho lo anterior –abundó-, mi paternidad conlleva al menos dos dimensiones en lo profundo. Por un lado, una dimensión que porta un movimiento fortísimo a trascender y a vivir para que otros trasciendan también. Un movimiento que nace desde el misterio de la vida (o la complejidad enunciada al principio de este texto) y que llama a ir más allá de las posibilidades aparentes. En este sentido aún no me explico del todo cuánto de significativo ahora es, siendo papá, el acontecer social y político de mi país. Quien me lea hasta aquí podrá decir: ¡claro¡ ¡tienes tres bocas que alimentar por un largo tiempo! Dicha afirmación es posible, pero no en totalidad. Lo dije antes, la paternidad nos alcanza a todos, tal vez sea por eso que esta primera dimensión sobre la trascendencia tienda justo a eso… a abrazar.

“Muchas cosas son más relevantes ahora, y para mi sorpresa, no tendrán tanto su relevancia en el futuro sino con el presente. En el presente es donde convive mi papá con mis “otros padres”. La forma con que me relaciono con el medio es fruto de esta convivencia. Y es aquí donde la segunda dimensión de mi paternidad se abre: la dimensión de la permanencia. Si bien la trascendencia nos empuja al otro lado del rio (como bien reza la canción de Drexler) la permanencia busca el arraigo, nutrir las raíces para afianzar el tronco. Es un movimiento igualmente fuerte en mi persona. Profesionales y empíricos seguro convergen en la complejidad de recursos que conlleva la crianza. Criando a mis hijas busco nutrirme de lo mejor de las perspectivas de la vida, sí, sobre todo de aquellas fuertemente arraigadas en mi persona. Es un ejercicio de discernimiento constante, cotidiano, permanente. La crianza es una toma de decisiones a cada paso, he ahí que uno echa mano del bagaje experiencial y, en un acto de 2-4 segundos, decide, ejecuta y evalúa al momento. No siempre va bien. Seguro. Pero la dimensión para permanecer va más allá de recordar modos de crianza y posibilidades de enseñanza de valores o regulaciones de emociones, para mí va en función de lo que uno ES siendo… relacionándose, vinculándose en el entramado de las circunstancias, va en dirección a encontrar el fondo del fondo y desde ahí beber el agua siempre fresca del agradecimiento, la esperanza y la fortaleza. Ahí lo fundamental (que viene de fuente) de mi experiencia paterna o paternal con otros tantos en camino y que la vida ha puesto ahí para cruzar miradas y reconocerse en ellas. Son ahora referentes, raíces que afianzan mis búsquedas y prenden luminarias cuando siento la angustia del extravío”.

Trascender y permanecer son realidades que conviven en mí hoy más que nunca. Deseo que mis hijas recuerden de alguna u otra forma mi esfuerzo por encontrar un balance, y descubran que en medio dicho esfuerzo florecieron ellas un día de julio y un día de marzo. Renuncié a un trabajo bien remunerado pero sumamente fragmentado y fragmentador. No soy un héroe, ni tampoco un mártir, decidí convivir con mi familia con una sola versión de mí. Como bien rezaba Facundo: “No hay mejor cosa que recordar a padres felices”. Es en esta decisión donde he sentido profundamente un equilibrio en las dos dimensiones mencionadas. Por un lado remitirme a mis raíces. En casa hubo abundancia de amor aunque no siempre económica. Bien mis padres pudieron optar por un futuro prometedor económicamente hablando, pero decidieron pasar el resto del día después de la escuela con nosotros, cuatro chiquillos inquietos. He ahí la gran cantidad de anécdotas, experiencias, encuentros y desencuentros que ahora enriquecen la sabia de cuatro familias y de dieciséis personas más próximas. La dimensión de la permanencia en esplendor. Por otro lado, ambos, papá y mamá, sembrando la curiosidad, la búsqueda y avivando el deseo de explorar a sus cuatro retoños. Corrigiendo sí, pero también dejando ser, permitiendo que “el otro lado del rio” llame, convoque. Salí de casa para estudiar la universidad en una ciudad distante. No sospechaba que lo emprendido ese día era nada más ni nada menos que el permanente retorno a casa. Así mi experiencia. ¿Has sentido un movimiento interior similar? No dudes en responder a ese movimiento. Date una pausa, respira, piensa y vuelve a pensar…

Pienso, sueño, y luego me visualizo hablando con mis hijas. Me encantaría que ellas iniciaran las conversación con alguna pregunta (ojalá): Papá ¿por qué tu lavas los platos, lavas la ropa y barres la casa?, ¿por qué lloras? ¿Por qué nos abrazas tanto y nos dices que nos amas? ¿Por qué oras? ¿Por qué le cantas a la mamá? La formulación de estas u otras tantas preguntas es ya, para mí, un hecho importantísimo… asume una búsqueda, un deseo de descubrir significados, arropar el sentido del protagonismo en la vida, sin esperar o creer en otras preguntas prefabricadas o en el menú de respuestas dadas por el comercio exacerbado. Preguntar pues es la afronta más sublime al status quo, y por ello, las alas donde la sociedad cuelga su anhelo de transformación. Unos y otros inmersos-comprometidos en la educación de las generaciones del presente podemos asumir esto como primicia.

Creo pues, e intento vivir, en un sentido de paternidad profundo. Nutrido desde la espiritualidad. En clave de realización, convivencia, experiencia. Una paternidad que trasciende a las coordenadas culturales tradicionales, pero no rompe con el arraigo y el deseo de permanecer y pertenecer. Hombres y mujeres somos padres y madres a la vez. En cada uno se encuentra la posibilidad de generar vida e inspirar voluntad, inteligencias y conciencia. Bien haremos en explorar nuestra maternidad y paternidad, sus significados y posibilidades en un tiempo/mundo que exige mejores integraciones con el medio ambiente y cuanto acontece en el devenir cotidiano, por supuesto, y enfatizo, también más allá de ser padres/madres biológicos.

Gracias por la oportunidad de compartir brevemente sobre esta experiencia. Ha sido oportunidad para respirar y agradecer.

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