De la sombra a la luz…

Al necio no le complace el discernimiento; tan sólo hace alarde de su propia opinión… Proverbios 18:2

Por: Elda Leyva Novelo

En un artículo comentaba como de niños vamos aprendiendo a desconectarnos de nuestro verdadero yo, de la felicidad, la paz interior y el amor que forman parte de nuestra verdadera naturaleza y, como consecuencia, empezamos a padecer una sensación de vacío e insatisfacción crónicos. La conexión con nuestra esencia, la vamos sepultando bajo esa mascara y armadura llamada ego o personalidad, pero ¿Qué es el ego?

El yo o esencia es lo que, en realidad, somos y el ego es lo que pensamos que somos; es la distorsión de nuestra esencia, una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente, creando un falso yo, también llamado personalidad. Es la máscara que hemos ido creando con creencias que vamos adquiriendo de las experiencias que vivimos y de nuestras interacciones con nuestro entorno y quienes nos rodean.

Nuestro el ego está hecho de creencias erróneas, falsas y limitantes, que nos llevan a construir un personaje con el que interactuamos ante la sociedad. El ego es el origen de nuestros conflictos, es lo que nos impide poder ver más allá de lo que vemos, poder profundizar en nuestro interior y hallar por nosotros mismos las respuestas.

Cuando vemos la vida desde el ego solemos:

  • Ofendernos fácilmente.
  • Necesitamos tener la razón.
  • Vemos la paja en el ojo ajeno e ignoramos la viga en el nuestro.
  • Necesitamos ganar y sobresalir.
  • Criticamos fácilmente a los demás.
  • Estamos insatisfechos y queremos lo que otros tienen.
  • Buscamos el amor fuera de nosotros y necesitamos de la aprobación de los demás.

El ego es la sombra que cubre nuestra esencia y nos impide ver con los ojos del alma, por eso un proceso de crecimiento espiritual requiere iluminar esa sombra y pasar de la oscuridad a la luz.

Es un trabajo de mirar al interior, atrevernos a conocer nuestras sombras y darnos cuenta de nuestros miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones y heridas que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida.

Y una vez que somos conscientes, que nos damos cuenta de nuestra sombra, necesitamos liberarnos, perdonar y soltar para dejar ir esas distorsiones que nublan nuestra manera de ver el mundo; pasando a la luz, experimentando la vida desde nuestra esencia y nuestra espiritualidad.

Demos el primer paso a la luz y al crecimiento espiritual, dirigiendo nuestra mirada al interior y comencemos a iluminar nuestra sombra.

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