Celebrando la vida de mi niño interior

Crecimiento Personal, por: L.E.P. Valentina Gómez León.

A veces, decimos o pensamos… no sabes lo que me hicieron, no sabes lo que sufrí cuando era un niño, y esa amargura, la llevamos en nuestro corazón y sigue envenenando nuestra existencia día a día. Limpiemos nuestro corazón del odio, del miedo, del coraje y de todo lo que no es amor. Trabajemos en nosotros con amor, y olvidemos el pasado. El pasado ya pasó. Y todo es diferente si curamos al niño herido que hay en nuestro interior.

Recordemos que Dios nos ha dotado de todo lo que necesitamos para ser felices. Solo elige serlo cada mañana y verás cómo cambiarán muchas cosas en tu interior y en tu vida. Tal vez tardará algún tiempo, pero como todas las cosas en la vida, requiere práctica constante, perseverancia.

Muchos de nosotros tal vez sufrimos algún dolor de pequeños. Sería muy bueno ayudarnos a recuperar nuestro amor propio y ese amor a nuestro niño interior, para evitar transmitirle sentimientos erróneos a nuestros hijos, y que estos patrones, sigan repitiéndose generación, tras generación.

¡Existen tantas cosas que podemos hacer con nuestros hijos para involucrarlos en el pensamiento positivo y el amor hacia uno mismo! Ponerlos frente al espejo diciéndose palabras bonitas, enseñarlos a agradecer, ser empáticos, en fin; todo lo que ahora se incluye en la Disciplina positiva. Pero servirá muy poco, si primero no sanamos a nuestro Niño. Es real y verdadero; Nadie puede dar lo que no tiene y el ejemplo con nuestras acciones, es la única manera de que los niños aprendan lo que deseamos enseñarle. Es básica la coherencia.

Quiero ser sincera contigo. Cuando empecé a escuchar el tema “sana a tu niño interior” pensé que era una tontería. Conforme fui leyendo, estudiando y entendiendo, pude descubrir el gran significado que tiene esta acción en toda nuestra vida y en la relación con las personas que nos rodean. Existe algo de lo que siempre he estado muy segura. Los niños cuando vienen al mundo son las criaturas más bellas, humanas, inocentes y sinceras qué hay. Nunca existe la maldad en ellos. Son las situaciones que viven como el rechazo, la burla, los gritos, el abuso y otras situaciones negativas, las que los van convirtiendo en los seres que son, cuando crecen.

Para ayudarte a sanar, analízate, nadie lo puede hacer por ti. Recuerda lo que te duele, y cuando llegues ahí, límpialo, perdona a quien tengas que perdonar. A tus padres, tus tíos, abuelos, no sé, solo tú lo sabes en tu corazón.

Perdona y aprende. Dile a tu niño que lo amas mucho y que siempre lo vas a cuidar y consentir. Y cada vez que olvides consentirlo, regresas a hablar con él. Dale todo el amor que sientas en tu corazón. Esto lo puedes ejecutar, usando una foto tuya de cuando eras pequeño o mirándote en tu imaginación, cerrando los ojos. Recuerda que para nuestro cerebro todo lo que ves es real. Ahí está, haz la prueba. No te imaginas lo poderoso que resulta este ejercicio para nuestro ser.

Hay algo muy cierto, nadie ama lo que no conoce. Te puedes dar la oportunidad de hacer esta actividad cada día, consolar y amar a tu Niño. Si eres perseverante, es un gran regalo de ti, para ti.

Celebrando a tu niño.

Una vez, cuando mis hijas eran pequeñas, hice un ejercicio con mi familia el Día del niño, utilizando la foto de cada uno de ellos. Una foto donde tenían aproximadamente cinco o seis años de edad. No se imaginan cómo lo disfruté. Incluso unos vecinos, amigos muy queridos, participaron con nosotros en la actividad que la realizamos después de la comida en familia.

¡Pueden hacerlo este día del niño! Les explico la actividad:

Mira la foto de cuando eras niño de 5 ó 6 años aproximadamente. Un niño de esa edad dentro de su vida busca dos cosas: merecimiento e inocencia. Pega la foto en un papel blanco y escribe en la hoja donde pegaste la foto todo lo que consideras que se merece.

Todoooo. Una vez escrito dile al niño de la foto como le vas a dar todo lo que se merece. Pues el único que puede darle a ese niño que vive en ti, todo lo que se merece, eres tú. Por último, promete amarlo y cuidarlo siempre, y recuerda cada mañana cumplir la promesa que le has hecho.

Seguramente les encantará. Lo importante es recordar hacerlo, cada día, y nunca, por nada que ocurra, olvidar la promesa que hiciste. Regar esa semilla de amor en tu propio interior cada amanecer, y si te sales del camino por algo que te sacude muy fuerte, no pasa nada, solo aprende a re – equilibrarte y regresa al camino prometido.

Confucio dice: “No hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran, ni te hagas a ti, lo que no le harías a los demás”.

Así que ámate, cuídate y cumple siempre lo que te has prometido. Es importante estar dispuestos a abrazarnos y perdonarnos a nosotros mismos, tener cada día un gran amor y cuidado por ese Niño de 5 ó 6 años que vive en nosotros y en nuestro corazón.

Te proteges, y si caes te apapachas, te das valor y te fortaleces con tu amor propio. Cuidas tu cuerpo, cuidas tu mente y así, cuidas tu alma para florecer siempre. Incluso en tu foto puedes escribir: “Estoy orgulloso(a) del ser, en el que me estoy convirtiendo cada amanecer”.

Y si no estás orgulloso de ti… ¿Qué estás esperando para hacer lo que te haga sentir bien? Eres el único responsable. Ya no se vale echarle la culpa a mamá, a papá, a lo que otros te hicieron. Ya solo se vale actuar, porque tú eres lo que eliges SER.

Recordemos que cuando éramos niños ¡todo nos hacía felices! Mucha gente se emociona cuando habla de su niñez. Recuerda los momentos que vivías y las cosas tan sencillas y simples que te hacían ¡la vida hermosa!

Retómenos esa actitud, seamos felices con cosas simples. Ante todo renacer, frente a toda situación, elige ser feliz. Ser como niños, dice Jesús. Esa es nuestra naturaleza.

Cuando somos niños simplemente somos felices por todo, todo nos emociona, jugar con el agua (recuerdo lo feliz que me hacía pasar mil veces en un charco que se formaba cerca de mi casa), bañarnos en la lluvia, jugar con la tierra, hacer pasteles con lodo, ir al mar y jugar con la arena en la playa, jugar con globos de agua, correr y estar con nuestro perro, brincar la cuerda, bailar en la escuela.

Si hacemos memoria, existían tantas cosas sencillas que nos emocionaban, que, si caemos en cuenta, claramente, elegíamos la actitud de felicidad, por el simple hecho de estar vivos.

No dudo que en el transcurso de la vida alguno de nosotros tuvo experiencias que lastimaron nuestro corazón, pero eso ya pasó. Podemos pensar:” Ya no necesito seguirle echando la culpa a esa acción que me hizo sufrir hace mucho tiempo, como la causa actual de mi infelicidad.” Yo puedo elegir ser feliz HOY. Y si existe algo que no pude hacer cuando era niño y me quedé con las ganas de hacerlo, puedo hacerlo ahora. Que si no me dejaron bañarme en la lluvia, ahora puedo hacerlo. No me dejaban manejar bicicleta, ahora puedo hacerlo, no tuve unos patines y nunca aprendí a patinar, ahora puedo hacerlo.

Cada uno de nosotros puede hacer lo que deseó tanto, sin pretexto alguno. Solamente es elegir cuidar y querer siempre a ese Niño que vive dentro de nosotros y que es un niño valioso, íntegro, que ayuda, que sabe compartir, que comprende a los demás, que habla con los animales, que consuela a los que lo rodean, que no conoce de envidias y sobre todo, ese Niño que tiene una

gran imaginación y su corazón está lleno de sueños, que los vive de una manera ¡tan real! que nunca duda que” todo es posible para el que cree”. Eso somos todos.

Y ese Niño, está en ti, en mí. Así, que seamos íntegros nuevamente, ese ser completo que ama su cuerpo, cuida su mente y tiene un espíritu lleno de valores y AMOR. Por algo Jesús Dijo que es importante ser como niños.

Deseo en verdad que lo que salga de ti, sea exactamente lo que está en tu corazón, desde que eras un niño pequeño. Es posible que algunos podremos sentir que no sabemos cómo hacerlo solos. Si es así, nunca dudes en acudir a un especialista. Te ayudará y te guiará con técnicas para aumentar tu motivación y apoyar tu proceso de desarrollo en el crecimiento personal.

Para terminar quiero contarte una historia zen, con una gran enseñanza:

“Un hombre acudió a visitar a un maestro zen. Llegó a verlo y al presentarse empezó a platicarle todo lo que ya sabía del budismo del crecimiento, de todo lo relacionado con el espíritu Zen. El maestro lo interrumpió un segundo y le preguntó si quería una taza de té. El hombre dijo que si y prosiguió con su plática mientras el maestro echaba el té en la taza.

Llegó el momento en que el té, rebosaba y rebosaba de la taza, cayó al plato y luego al suelo mojando los pies de ambos. El hombre, no paraba de hablar de sus conocimientos. Finalmente el hombre le dijo al maestro: disculpe, pero la taza ya está llena, y el maestro respondió. Eres como la taza, estás tan lleno de todo lo que sabes, que no puedes dejar que algo nuevo entre.

Muchos de nosotros somos como esa taza de té. Estamos tan llenos de todo lo que hemos aprendido que ya no hay más espacio para que algo entre. Todo se derrama y nos sobrepasa.

Si pudiéramos aplicar esta metáfora a nosotros mismos, entenderíamos, que a los ojos del principiante, hay millones de opciones, a los ojos del experto sin embargo, solo Hay una o dos. Por lo tanto, dentro de ti, ya no queda espacio para algo emocionante, algo diferente, algo que te haga crecer. Ten cuidado con los expertos, no te conviertas en un experto, porque cuando eres experto, te limitas.

Cuando tú mismo te limitas, limitas tu felicidad y tu propósito en la vida no puede encontrarte. “Haz cosas que tengan sentido para ti, que te hagan sentir bien, y que sean útiles para otras personas”.

Aprendamos a ser auténticos como cuando éramos niños, disfrutar de las cosas simples y emocionarnos con todo lo que hay en nuestro maravilloso mundo y que ha sido regalado por el ser que tanto nos ama. Por lo tanto, sin excepción alguna, tengas la edad que tengas, deseo que este mes y todos los días…

¡CELEBREMOS A NUESTRO NIÑO CON TODO NUESTRO AMOR!

Muchas gracias por leerme.

Te envío un abrazo al corazón.

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